martes, 24 de febrero de 2015

El escándalo 1949 - 1971 - 2015



 





















 



Balenciaga, 1949

























"¿Pero quiénes son esas chicas de la época? [...] Constituyen la vanguardia de ese gusto de segundo grado que alimentará la moda retro de la década de 1970. Nacida después de la guerra, esta segunda generación no ve en las prendas «años cuarenta» los horrores que en ellas ve la generación anterior. Y es esta la que domina entre los periodistas asistentes al desfile"
Farid Chenoune






"¿Qué quiero?" Impresionar a la gente, forzarles a pensar. Lo que hago está muy conectado al arte contemporáneo americano, no tienen memoria"
Yves Saint Laurent en Vogue Francia, 1971







"Fue el manifiesto de un diseñador que ahora quería ser el árbitro de la ambigüedad" 

Olivier Saillard









CLAUDE BERTHOD. — ¿Por qué elegiste impresionar a la gente con un estilo "retro" en lugar de uno nuevo?
YVES SAINT LAURENT. — ¿Qué puede llamarse "nuevo" en ropa? Desde el peplum a las medias, todo ha sido hecho y rehecho cientos de veces. El vestido hippie se tomó del Este; los pantalones cortos de los estadios. Y con todo, son todavía contribuciones nuevas para la moda. Ninguna de ellas vino de la alta costura. La alta costura ya no emite nada más que nostalgia y prohibiciones. Igual que una anciana. Me da igual si mis vestidos plisados y drapeados evocan los años 40 a la gente cultivada de la moda. Lo que es importante es que las jóvenes que nunca han conocido esta moda quieren llevarla ahora."

Yves Saint Laurent









"A Yves le daba mucho miedo esa colección. Nos había situado [a Loulou, Marisa Berenson y Paloma Picasso] estratégicamente entre el público. Marisa estaba en la zona anglosajona del salón, yo en la de la prensa francesa y Paloma en la zona mundana. La gente estaba muy escandalizada [...]. Las tres, cada una en nuestro lado, oímos exclamaciones de horror. Al final del desfile, subimos con Yves a su despacho y estallamos en carcajadas, pero en carcajadas nerviosas" 
Loulou de la Falaise (9/10/2009)







CLAUDE BERTHOD. — Yves Saint Laurent, ¿qué piensas de cómo ha sido recibida tu colección? Está muy lejos del la alabanza entusiasmada habitual. 
YVES SAINT LAURENT. — Creo que incluso la palabra "escádalo" no sería tan fuerte... Estoy triste y me siento halagado. La Olympia de Manet provocó el mismo tipo de reacción: «Se están burlando de nosotros»... «Es vergonzoso»... La gente no estaba tan impresionada visualmente como lo estaba moralmente. 

Yves Saint Laurent entrevistado por Claude Berthod, Ellle, marzo, 1971












La colección de 1971, llamada "Liberación/ Años Cuarenta", terminó siendo la "Colección del escándalo". Todavía hay confrontación y risa histérica. Los autores no se ponen de acuerdo sobre el avance o el retroceso. O bien, sobre si se trataba de una propuesta nostálgica del tiempo al que pertenecían las formas o si era, precisamente, un golpe para derribarlas e, irónicamente, liberarlas. Lo que quedó claro fue que la forma y la moral eran en ambos momentos un signo indivisible de la moda que les ocupaba.

Curiosamente, ahora se habla más del efecto de la colección de 1971 que de la década de 1940 y ésto hace que, a su vez, el escándalo contemporáneo vaya más de la mano de la moda retro que de aquella que la inspiró, mucho más prolongada y compleja. Creo que el miedo de Yves y la risa en los salones no iban exactamente dirigidos al triunfo de la provocación como se dice tantas veces, sino que fueron la manifestación incrédula ante el problema de la falta de memoria. En ese momento, sabedor del anacronismo que era, es y será en muchos sentidos la moda, se figuraría que su carrera sería, quizá, aún más larga de lo que él mismo temía. De hecho, las colecciones siguientes llevaron a París todo un repertorio de fantasmas.

Me encantaría ir a visitar la muestra. Si vais no olvidéis visitar también, en la otra orilla, el Museo del Quai Branly.
Nota de prensa









La línea divisoria



En nuestra cultura, la corbata es la línea divisoria entro lo formal y lo informal. En Indonesia, esa misma distinción la establece el calzado.

No es un deporte de riesgo
Nigel Barley

martes, 2 de diciembre de 2014

El progreso del día, en amarillo.



La luz blanca. 
Las sombras azules y verdes. 
El progreso del día, en amarillo. 




Édouard Vuillard, "A travers champs", 1897/1898 (publicado en 1899)


Édouard Vuillard, "L'avenue", 1899



Édouard Vuillard, "Cuatro damas con sombreros bonitos", 1892/1893


Édouard Vuillard, Dos mujeres tomando café, c. 1893



Édouard Vuillard, "Âmes solitaires", 1893






martes, 25 de noviembre de 2014

Indonesia, por Nigel Barley



– Si quiere telas – susurró-, venga conmigo.

Poco después estábamos en una cafetería de madera en medio de un denso y viciado humo de cigarrillo con fragancia a clavo […]Los hombres llevaban sus capas levantadas alrededor de las orejas, como murciélagos, y las telas eran extraídas debajo de la mesa en bultos atados con cuerda. Eran de color rojo fuerte y naranja con rayas que reproducían un patrón bordado. Los colores eran naturales y se irían apagando suavemente.

– De plantas – dijo mi guía, tocando las telas con las yemas de los dedos. Comenzamos a regatear […] Pronto nos pusimos de acuerdo y me quedé con una hermosa capa nueva.

[Días más tarde]

A todos los sufrimientos del día vino a sumarse durante la última hora el tormento de la desesperación. Alrededor de nosotros, la lluvia silbaba implacablemente a través de las hojas y ya había oscurecido cuando llegamos a una miserable choza a la vera del camino.

Jamás me he encontrado en la situación de ver llegar a dos individuos absolutamente extraños al anochecer, ambos literalmente envueltos en lodo y sangre […] Aunque estábamos en el bosque, nadie malgastaba la leña en hacer un fuego que no fuera estrictamente para cocinar, así que nos sentamos sobre el suelo duro con nuestra ropa empapada y temblando. Era el momento de sacar mi nueva capa de Mamasa. Aunque estaba mojada, al menos me protegería de las corrientes de aire. Me hundí en sus pliegues húmedos y fríos. […] Trajeron comida […] Tenía un olor delicioso, pero de repente me sentí demasiado cansado para comer. Cuando intenté hacerlo, sencillamente no pude hincarle el diente. Lo escondí en mi capa para disponer de [ella] al día siguiente […] Se acercó un niño pequeño y, sin ninguna formalidad, se sentó en mis rodillas. En la oscuridad, le pasé el pollo y él masticó a oscuras […].

No tuve conciencia de nada más hasta que amaneció […] Me parecía tener calambres en todos los miembros y sentía en la boca el conocido, persistente y pastoso regusto del cruce nocturno del Canal. El dolor de cabeza se me había pasado, pero había un nuevo problema: estaba ciego. Efectivamente, distinguía entre la luz y la oscuridad, pero los objetos tenían unos contornos muy vagos y borrosos. Tenía los ojos ardientes e hinchados y sentía que alguien me clavaba una aguja abrasadora en cada iris. También me costaba respirar. […] Cuando yacía desamparado y aterrorizado, una figura humana apareció flotando en el espacio. Por la voz, era el [dueño de la casa]. Reía, reía abiertamente de mi sufrimiento. En ese momento supe que me había envenenado. La cólera y la autocompasión se disputaron el predominio y venció ésta. El hombre se inclinó y cogió mi capa. ¿No podía esperar a que me muriera para despojar el cadáver? Me sentía demasiado débil para resistir. Volvió a reír.
– Chile – dijo.
– ¿Qué?
– Chile. Emplean el chile para teñir la tela. No hay que usar nunca una tela mamasa que no haya sido lavada por lo menos tres veces o, mejor aún, hay que comprar las nuevas, que no utilizan colores vegetales. Hay que comprar un nuevo tipo muy suave. – Yo sabía que se se refería al rayón. Apartó la tela y rió con risa sana y franca.


No es un deporte de riesgo
Nigel Barley

martes, 7 de octubre de 2014

Agua y color

Para María



"Espera", Henri Matisse, 1921-22


Matisse pintó varios cuadros donde se siente la espera, el tiempo que avanza y que no pasa. A veces, hay mujeres que miran a lo lejos, a la playa o a las calles; tienen la mirada y el cuello fijos, como las escuadras de las ventanas. Otras, en cambio, se entretienen con los azulejos y con las telas, aparecen ensimismadas e igualmente pendientes. Ambas están lejos.

Conozco la angustia de la espera y a menudo la veo reflejada en otros cuadros y en los libros. Me conmueve que Matisse la tranquilice y la suspenda a base de agua y color puro.


"Mujer en la ventana", Henri Matisse, 1921

"Mujer en la ventana", Niza, 1918

lunes, 6 de octubre de 2014

Piel de arroz



Dovima, 1956
Fotografía: Richard Avedon


Dovima,de Cristóbal Balenciaga, en octubre de 1950
Fotografía: Richard Avedon



Dorothy Virginia Margaret inventó una amiga imaginaria de nombre Dovima: piel de arroz y sonrisa enigmática. Quizá nadie se benefició tanto de la fotografía en blanco y negro como ella, la eterna aparición de los años 50. Aparece fundida entre los blancos y habitando los negros. O, dicho de otra manera, haciendo de su cuerpo un trazo blanco para ceder el peso y el protagonismo al negro: al maquillaje, a los vestidos, a las cosas que pretenden ser bellas por sí solas. Dovima es la belleza más fantasmal de la familia de los dandys que conozco.

Anya Linden











Anya Linden nació en Manchester en 1933. Fue bailarina hasta 1965. Casada y bajo el nombre de Lady Sainsbury, se convirtió en una de las personas más influyentes en el ballet británico. Entre tanto, algunos afortunados como Cecil Beaton la retrataron así de elegante y fabulosa.